Adivinación

Adivinación a través de las Velas

adivinacion por las velas

La Adivinación a través de las Velas, también conocida como Ceromancia o Ceroscopia, es la búsqueda de respuesta a preguntas concretas así como el intento de descubrir lo que el futuro nos depara por medio de la interpretación de una serie de características, factores y comportamientos propios que nos aporta la vela, tanto por su llama como por la cera de la que está compuesta.

Orígenes de la Ceromancia

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Como con casi todas las Artes Adivinatorias, por no decir todas, datar su origen es bastante difícil. Pues por lo único que nos podemos guiar es por los primeros registros escritos o representaciones gráficas de que se disponen. Y esto, como es evidente, no nos aporta una fecha exacta del origen, sino, simplemente de la fecha del escrito o representación. Por lo que, aplicando el sentido común, tomando esa fecha como referencia, podemos deducir que el hecho en sí se remonta a fechas anteriores a la del primer registro encontrado.

En lo que se refiere a la ceromancia, uno de los primeros registros escritos de que se disponen es la referencia que hace el sacerdote jesuita Martín Antonio Delrío (1551-1608), conocido y notorio teórico de la brujería, que fija los orígenes de esta mancia en Turquía.

Pero sea como fuere y se iniciase donde se iniciase, lo cierto es que esta forma de adivinación del futuro y manera de responder a cuestiones concretas del presente ha sido, y es, muy común en diversas épocas y distintas culturas, con sus diferencias y particularidades, pero con una base común a todas.

Puede variar un poco el ritual o el elemento utilizado. Pero, la intención es idéntica. Como ejemplo, tomemos la Plumbomancia, que en lugar de la cera de las velas utiliza el plomo derretido y enfriado en agua para obtener las figuras que, posteriormente, se interpretarán.

Formas de Interpretar con las Velas

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Cuando se utilizan las velas como forma de adivinación se deben tener en cuenta diversos factores que, de una forma general, se pueden agrupar en dos conjuntos.

El primero de ellos reúne la forma en que arde la llama, la velocidad con que se consume la vela, si la vela “llora” (la cera, al derretirse, cae por los laterales de la vela) o no y el lado de la vela por el que desciende esa cera derretida, si se apaga sin ninguna razón aparente (una corriente de aire, por ejemplo) antes de que se consuma por completo y cuántas veces lo hace tras haber sido encendida nuevamente, los residuos (forma, tamaño, color…) que se pueden formar según la llama de la vela arde etc.

El segundo grupo está formado por las diferentes figuras que forma la cera derretida de la vela cuando se la va dejando caer en un recipiente de agua.

Esta segunda forma de interpretar las velas es mucho más intuitiva que cuando se utilizan los factores pertenecientes al primer grupo, pues éstos se basan en hechos totalmente evidentes para cualquiera que los observe.

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Si la vela tiene una llama muy alta o muy baja es algo absolutamente obvio para cualquiera que la vea, lo misma si “llora” por la izquierda o por la derecha o si se apaga antes de lo que debería.

Pero, en lo que se refiere a la interpretación de las figuras que se forman al enfriarse la cera derretida de las velas al caer en el agua la cosa cambia.

Y si bien es cierto que, en ocasiones, esa figura que aparece en la cera derretida de las velas (un pájaro, una flor, un caballo…) es reconocible por cualquiera, en otras muchas ocasiones no lo es tanto.

Y es ahí donde entra en juego la capacidad, la experiencia y también, y muy importante, la intuición de la persona que interpreta la respuesta que las velas nos han dado.

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